23, mar
SUEÑO PERTURBADOR

...El paisaje...y en él la ruinas, aumentaban de tamaño a medida que avanzábamos.
LLenaban cada vez más el final del camino...y todo el horizonte. Los muros de piedras cerrado de torres derruidas se elevaban sobre los patios cubiertos de nieve. Enredaderas nevadas se retorcían con formas misteriosas. La que fuera una vasta fortaleza estaba rodeada por un grueso cerco con cadenas, recubierto todo por la blanca nieve que volaba con el viento.
LLegamos junto a la puerta principal, aseguradas con goznes y grandes candados...
-Así que aqui es donde mis antepasados vivieron sus vidas inciertas -dije, con tono pensativo.
No quedaba mucho...solo las ruinas bajo la nieve: y eran tan borrosas como mis sentimientos.
Allí la historia de mi familia era irreconocible.
Limpié de nieve un letrero que colgaba de la puerta. Era una advertencia en caracteres góticos:
"Este es el castillo Csejthe. Su reconstrucción esta programada para 2019. No es seguro caminar cerca. Manténgase a prudencial distancia."
Caminamos alrededor del cerco, esperando un lugar donde los niños del condado, como los de cualquier otro lugar, pudieran haber abierto un agujero para entra a jugar. Sin embargo no había ningún espacio abierto en todo el cerco asegurado con cadenas. Dentro del círculo de alambre las ruinas eran inviolables y prohibitivas.
-La historia de nuestra familia es sombría -dijo Elizabeth mi hija.
Se acostó sobre la nieve, extendiendo los brazos y hundiéndose en la reconfortante suavidad.
Miré la presión que dejaba su cuerpo y temí que pudiera hundirse más y más hasta desaparecer. Recordé sorpresivamente que alguien, a quien no conocía, contaba que de niño dejaba ese tipo de huellas en la nieve. Decía que era un ángel.
Elizabeth, tú eres un ángel, pensé mientras ella se quedaba inmóvil, con los ojos abiertos bajo el cielo amenazador.
Una vez yo amé a tu madre, pero ahora ella se ha ido a un lugar donde yo no puedo llegar. La pena y el remordimiento me embargaron. Es demasiado fácil yacer de espaldas y darse por vencido ante mi realidad
Un río surge desde abajo y arrebata a los que se dejan vencer.
Las ruinas debían haber resistido el empuje de ese río una y otra vez. Se elevaban rotas, incompletas, obcecadas.
De repente parecía como si todo hubiera soltado amarras: Los grandes copos de nieve que caían del cielo, cubiendo a Elizabeth, los campos sepultados bajo un manto blanco, nuestras palabras...los sembrados de amapolas que veía todo el tiempo en mi mente..y la nieve seguía cayendo y la oscuridad se iba espesando en torno a las ruinas del castillo.
-Hija -grité-, esas piedras tiene el mal.
Una voz interior me advertía.
Todo se desvanecía..las amapolas..las ruinas sin dejar nada.
Era todo perturbador..angustiante..nadie parecia estar presente, igual que la impresión del cuerpo de Elizabeth en la nieve.
