Hola a todos.
El verdedicto ha salido a luz..la votación fue la siguiente:
Atardeceres................................Voto Argivo
Puri Martins................................Voto Persefone 7
Annabel- Lee.............................Voto Argivo
Corazongotico...........................Voto Persefone 7
Lucero........................................ Voto Fdez. Barrios
Fdez. Barrios..............................No votó
Persefone7................................Voto Puri Martins
Argivo...........................................Voto a mas de uno
Por lo tanto hay un empate entre Argivo y Persefone 7..y mi voto decide.
Persefone 7 es la ganadora. Felicidades Campeona!!!
Qué hago ahora..
No escuché el silbato de salida y cuando quise acordar ya había cola frente al reloj. Acomodé un poco el escritorio. Mi mente estaba concentrada en el ómnibus que perdería por escasos segundos. No lo pensé más y salí de la oficina casi corriendo sin marcar el reloj. Mañana daría explicaciones. Corrí practicamente y cuando llego a la parada, me di cuenta que estaba con el chaleco y el saco de trabajar. Resignado decidí volver a la oficina. Para sacarme la bronca fui por el camino más largo y entraría por el otro sector hasta llegar a mi oficina. Un tarde calma y soleada, las personas caminaban apresuradas sin ver la hermosa primavera. Era una peatonal amplia más baja que la calle. Más adelante había unos escalones y en el alto del descanso llegué a ver a dos perros vagabundos, uno negro inmenso y otro peludo chiquito. Delante mío, iniciando la subida, iba un niño pequeño que apenas podía subir la escalera. En esos momentos de distracción que uno tiene, me pareció que la mujer joven que iba del otro lado, lo llevaba de la mano. Pero todo ocurrió tan rápido que perdí la noción de eso. El niño al llegar al último escalón fue atacado por el perro negro, que se abalanzó sobre el pequeño; pensé que aquel ataque feroz había destrozado a la criatura. Atiné a saltar escalones de a dos y llegar justo a tiempo para sostener al niño que estaba a punto de rodar escaleras abajo. No vi heridas, el perro solo lo empujó con su cabeza. Lo tenía en mis brazos y el niño lloraba mientras le preguntaba a la joven mujer, y de cierta forma le alcanzaba el niño, si era su hijo. Me dijo que no era de ella y siguió su marcha. Las personas pasaban a mi lado ignorando el hecho. ¿Qué hago ahora ? Pensé. Atiné a volver mis pasos con el niño en brazos ya más calmo. Entré en una pequeña tienda casi vacía. Me acerqué a una señora que parecía la dueña que ordenaba unos regalos. No me dejó ni hablar. "No tengo dinero señor". Le pregunté si conocía al niño, y le expliqué rapidamente lo sucedido. No le interesó en lo más mínimo. "Vaya a la policia, yo no vi nada y retírese". Me quedé sin palabras y salí del comercio muy confundido. No podía ir a la policia mis antecendentes penales me lo impedían. Qué hacer con el niño, me repetía...
Miles de preguntas y miles de respuestas pasaron por mi mente mientras cargaba en mis brazos la pequeña vida indefensa, castigada por la calle, desprotegida y expuesta al calor de nadie. De repente, el pequeño abrió sus ojos y arrancó a llorar, sollozaba y suplicaba que no le hiciera daño, que la próxima vez traería algo de dinero..
Impotente ante sus palabras, los ojos de aquél niño me mostraron su crudeza, su infancia arrebatada y se apoderó de mí un sentimiento de rabia, dolor y humanidad
Yo, que a mis 43 años jamás había conocido el hambre, mi empleo me permitia vivir acomodadamente, mis únicas preocupaciones se basaban en procurarme una vida rodeada de bienestar y placer. Allí me ví, como si el tiempo se hubiera detenido, como si en ese momento sólo estuviéramos aquel niño y yo.
De nuevo volví a la realidad y traté de calmar a la criatura, le pregunté por su nombre, si sufría algún daño o dolor, si conocía el camino a casa, aunque en verdad, me horrorizaba la idea de regresarle a su infernal hogar. El niño empezó a calmarse poco a poco, su confusión se fue disipando y cuando se situó empezó a gritar que le bajase, que no tenía nada de valor quedarme, que no necesitaba absolutamente nada de mí. Ante la crudeza de sus palabras sólo pude contestar, que nada debía temer, que no iba a causarle daños, que sólo intentaba ayudarle porque había sido atacado por unos perros. El niño me miró con recelo, le puse en el suelo y sin pensarlo echó a correr ante mi sorpresa, tan sólo alcancé a preguntarle si necesitaba cualquier cosa y sin dejar de correr me decía: -No llego a tiempo, me castigará, me hará daño!!!!..
En ese momento advertí que mi tiempo ya no corría, era pausado, no me importaba llegar a tiempo a ningún sitio porque como él, yo no sufriría el castigo físico por llegar tarde, a mí nadie me pondría una mano encima por no traer dinero a casa. Yo era un solterón egoísta que se procuraba compañía a golpe de talón..
Aquella noche me hice consciente de los errores de mi pasado, mi venda cayó al suelo, me pregunté que habría sido de aquel niño, si llegó a tiempo a casa, si tendría algo para echarse a la boca, si su "padre" le habría castigado.
Me replanteé el verdadero significado de vivir o sobrevivir..