recien miré la luna..parece una hoz en mi cielo... me pareció ver a Idea..que llegaba a ella.. desgarrada mirando el mundo a su manera.. me pareció ver a Idea soberana..tierna..amada.. cerca del cielo..rodeando la luna me pareció verla..pero la tengo aqui entre mil letras.. para recordarla. Adiós Idea..vuela..y sigue volando...
El vivir no admite bromas. Has de vivir con toda seriedad, como una ardilla, por ejemplo; es decir, sin esperar nada fuera y más allá del vivir; es decir, toda tu tarea se resume en una palabra: Vivir. Has de tomar en serio el vivir. Es decir, hasta tal punto y de tal manera que aun teniendo los brazos atados a la espalda, y la espalda pegada al paredón, o bien llevando grandes gafas y luciendo bata blanca en un laboratorio, has de saber morir por los hombres. Y además por hombres que quizás nunca viste, y además sin que nadie te obligue a hacerlo, y además sabiendo que la cosa más real y bella es Vivir. Es decir: has de tomar tan en serio el vivir que a los setenta años, por ejemplo, si fuera necesario plantarías olivos sin pensar que algún día serían para tus hijos; debes hacerlo, amigo, debes hacerlo, no porque, aunque la temas, no creas en la muerte, sino porque vivir es tu tarea.
Sucede, por ejemplo, que estamos muy enfermos; que hemos de soportar una difícil operación; que cabe la posibilidad de que no volvamos a levantarnos de la blanca mesa. Aunque sea imposible no sentir la tristeza de partir antes de tiempo, seguiremos riendo con el último chiste, mirando por la ventana para ver si el tiempo sigue lluvioso, esperando con impaciencia las últimas noticias de prensa. Sucede, por ejemplo, que estamos en el frente, por algo, por ejemplo, que vale la pena que se luche. Nada más comenzar el ataque, al primer movimiento, puede caerse cara a tierra, y morir. Todo esto hemos de aceptarlo con singular valor, y a pesar de todo, preocuparnos apasionadamente por esa guerra que puede durar años y años. Sucede que estamos en la cárcel. Sucede que nos acercamos a los cincuenta años, y que falten dieciocho más para ver abrirse las puertas de hierro. Sin embargo, hemos de seguir viviendo con los de fuera, con los hombres, los animales, los conflictos y los vientos, es decir, con todo el mundo exterior que se halla tras el muro de nuestros sufrimientos; es decir: estemos donde estemos hemos de vivir como si nunca hubiésemos de morir.
Se enfriará este mundo, una estrella entre las estrellas; por otra parte una de las más pequeñas del universo, es decir, una gota brillante en el terciopelo azul, es decir, este inmenso mundo nuestro. Se enfriará este mundo un día, algún día se deslizará en la ciega tiniebla del infinito -no como una bola de nieve, no como una nube muerta-, como una nuez vacía. Desde ahora mismo se ha de sufrir por todo esto, ha de sentirse su tristeza desde ahora, tanto ha de amarse el mundo en todo instante, se le ha de amar tan conscientemente que se pueda decir: "He vivido".
Es algo notable cómo, a través del tiempo, hay determinados períodos donde surgen una serie de artistas en diferentes lugares, que marcan una época y después ese fenómeno se va apagando.
La gente de nuestra generación tiene como referencia las décadas del 60 y 70, cuando desde Europa nos llegaron infinidad de compositores y cantantes de un nivel excepcional, que arranca con los Beatles en Inglaterra, pero que tiene toda una movida en los países latinos. En Francia estaban Gilbert Becaud, Johny Halliday, Sylvie Vartan y muchos otros. En Italia se hacía todos los años el Festival de San Remo, que era realmente fantástico, donde participaban Doménico Modugno, Mina, Milva, Nicola Di Bari, Gigliola Cinquetti, Iva Zanicchi, Boby Solo, Adriano Celentano y tantos otros que nos dejaron temas realmente inolvidables.
En España también aparecieron una serie de artistas importantísimos, como Joan Manuel Serrat, Django, Alberto Cortés, que es argentino pero que desarrolla su carrera en la madre patria; Rocío Jurado, Rocío Dúrcal y, entre muchos más, un cantautor de una capacidad increíble para componer canciones realmente hermosas, que han dejado su huella por más de 30 años.
Nos referimos a José Luis Perales, un hombre que además de su capacidad y su inspiración como artista, se destaca por su calidad humana, su natural humildad, virtud de los realmente grandes. Leíamos en una de sus biografías en Internet que "José Luis Perales es el cantante romántico por excelencia. Nació en Castejón, un pueblecito a 50 kilómetros de Cuenca, España, el 18 de enero de 1945, en el seno de una familia cristiana tradicional. Según bromea el autor, nació un día antes, el 17 de enero día de los 'burros' pero su madre decidió registrarlo un día posterior para no ser recordado de esta forma. Es el varón de cinco hermanos".
Como todos los grandes artistas, sus inicios no fueron fáciles y pese a que comenzó a componer muy buenos temas desde muy joven, los productores lo descartaron como cantante, por lo que se dedicó a hacer canciones para otros artistas. La mayoría de los cantantes españoles han cantado sus temas, pero un día alguien lo alentó para que cantara esas canciones y, luego de mucha insistencia, grabó "Celos de mi guitarra". De ahí hasta nuestros días, su trayectoria nos ha dejado infinidad de éxitos que combinan unas letras de gran nivel con melodías realmente buenas, que integran ese grupo de grandes éxitos que disfrutamos siempre.
Y aqui, la letra:
NO RESULTA FÁCIL
No resulta fácil
olvidarlo todo y empezar de nuevo
no resulta fácil
ignorar la huella que ha dejado un beso.
No resulta fácil
cuando se ha querido,
encontrar de nuevo
lo que se ha perdido.
No resulta fácil
no resulta fácil,
despertar el alma
cuando se ha dormido.
No es tan hermoso
ver la luna en la ventana
ni está tan limpio el aire
de la mañana.
Es tu distancia estando cerca
la que más duele
y tu mirada quieta
la que me hiere.
No resulta fácil
destruirlo todo y levantar el vuelo
no resulta fácil
encontrar de nuevo a quien decir te quiero.
No resulta fácil
inventarse un beso,
ni esa playa blanca
que era nuestro lecho.
No resulta fácil
no resulta fácil,
despertar el día con un beso nuevo.
No hay primavera que me arrastre
hasta sus flores
ni cantan en mi huerto
los ruiseñores.
Es tu distancia estando cerca
la que más duele
y tu mirada quieta
la que me hiere.
No resulta fácil
olvidarlo todo y empezar de nuevo.